Imagina una jornada perfecta. Una caminata de tres horas por las veredas de la Sierra de Javalambre, sabinas centenarias, enormes pinos, soberbias encinas, endrinos, enebros, tomillos, jaras y romeros cobijando el canto de los mitos, pinzones, carboneros, reyezuelos y zorzales. Por encima de ellos, recortando su magniíica silueta en el profundo azul de cielo, las águilas reales. Allá al fondo, en aquel recóndito claro, los corzos se solazan y disfrutan del pasto.
Al llegar al pueblo, antes de la suculenta y caliente comida de cuchara, nos espera una refrescante cerveza. El cocido, la crema de verduras o esas alubias con chorizo aportan la reconfortante energía que necesitamos y tras los postres, cuando un espectacular atardecer nos sorprende a través del mirador...
Esto es el Corazón de Javalambre, alegría de vivir, alegría de compartir.
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